viernes, 22 de marzo de 2019


ACERCAMIENTO A LA ESCUELA
Diario docente alrededor de mis experiencias, Primera parte.

Este colegio es enorme. Lo primero que me recibe -a mí y a mi salón de clase- es un amplio pastizal bien cortado. Al lado izquierdo se levanta un edificio alto de ladrillo y otros más pequeños atrás. Caminamos en dirección al primero y, a medida que nos vamos acercando, se ven unas repisas repletas de libros. ¡La biblioteca! ¡Dos bibliotecas! Hay dos. La segunda más adornada y colorida que la anterior. No entramos ahí, seguimos para sentarnos en una placita que está al lado de una edificación, donde primaria recibe clase. Todo hasta que llega David Fayad, es el director de aprendizaje del Colegio Bolívar, donde estamos.

Él nos dirige, entre edificios de ladrillo y zonas verdes, hacia la salida de una oficinita de donde sale un señor alto; no me aprendo el nombre, pero sé que es el director de la sección de High School[1]. Él pretende ubicarme a mí y a Ana, y a Fabio -mi equipo de trabajo-, en un salón. Accedemos a asistir a la clase de inglés del grado doce y le seguimos. En menos de un minuto llegamos ahí. Los y las estudiantes apenas están llegando y, mientras eso, Sean William Linton, se presenta como el profesor y nos invita a sentarnos en una mesa redonda con cuatro puestos. “Son bienvenidos a sentarse aquí”, dice. Los ocupamos ubicándonos de modo que se nos permita abarcar todos los puntos del lugar; así, me siento mirando al frente, como me he sentado casi toda mi vida escolar. Ana, por su parte, está frente a mí, de modo que ella tiene el panorama contrario y puede registrar más fácilmente al estudiante. Y Fabio se sitúa de lado, tiene la vista sobre casi todo el salón.

El lugar se va llenando. Una de las alumnas se acerca y nos saluda sonriendo. Hay unas cuatro chicas, el resto son chicos. Muchos y muchas pasan a nuestro lado, pues justo atrás de la mesa redonda hay un par de cubículos donde guardan los morrales. Visten ropa informal y uno que otro porta una prenda representativa del Colegio. La mayoría se sienta en las sillas frente a unas mesas largas y cuatro chicos se recuestan sobre unos sofás cafés ubicados justo atrás mío. Sacan computadoras y algunos celulares. Muchos Apple. Solo uno, entre todos los que observo, no estaba marcado con la manzana[2]. Dato étnico: todos y todas aquí son de piel clara.

La dispersión acaba cuando Mr. Linton empieza a hablar. Avisa que hoy hay quiz, pero que, por lo siguientes 10 minutos, empezarán la hora de lectura. También, que el lunes moverán el sitio del salón y él les confirmará dónde a través de email. Esto me sorprende muchísimo: yo solo usé mi correo hasta en la universidad, antes no. En secundaria, las TIC eran para mí, una herramienta de búsqueda y recolección de información. Nada más, nada menos. Mr. Linton continúa. Ahora les habla del ICFES que tendrán el domingo, de sus deseos y recomendaciones para resolverlo. Anuncia la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y la clase estalla en aplausos. Acto seguido, pide a todos y a todas pasar por uno de los libros de Hamlet que están sobre la mesita amarilla. Comienzan a pararse. Parece que esto es un hábito. Lo menciono por el orden colectivo al momento de dirigirse a esta mesa, que está en frente, al lado del escritorio del profesor. Además, porque todos al sentarse abren sin vacilaciones el libro, como quien sabe lo que hace. 

Antes de iniciar su lectura, uno de los estudiantes llama al profesor para mostrar algo contenido en su celular, Mr. Linton sonríe, le atiende y charlan al respecto. Vuelve al frente y lanza la consigna “You´ll be reading for 10 minutes” (leerán por los próximos 10 minutos). A continuación, toma un control que dirige hacia un reloj puesto en la pared de enfrente y comienza un temporizador. En este punto las computadoras están guardadas y la mayoría parecen atender al libro. Durante este tiempo, Mr. Linton se sienta en su escritorio y, ocasionalmente, mira a los chicos y chicas. No hay preguntas ni intervenciones: la atmosfera es tranquila y silenciosa, y los estudiantes están, generalmente, bastante concentrados.

Cuando el reloj marca las 00:00 con un chillidito agudo, el profesor se para y reparte los quiz, mientras todos se estiran, acomodan los libros a un lado y ponen lápices, lapiceros y cartucheras sobre la mesa. El quiz es una hoja de papel reciclable que entrega alrededor de todo el salón.  Me agrada de Mr. Linton que acompaña toda acción de gestos tranquilos y amables. Antes de dar inicio al temporizador, como lo hizo con el libro, explica cada una de las secciones en que se divide el examen y recomienda algunos elementos que pueden guiar en la resolución de las preguntas. Cuando termina, advierte sobre el tiempo: “I´ll take them in 20 minutes” (los recogeré en 20 minutos), y la quietud reaparece.

En una oportunidad, un estudiante rompe el silencio para expresar graciosamente que el quiz está difícil, a lo cual el profesor responde en el mismo tono: “yeah, I expect a lot from you” (Sí, espero mucho de ustedes). Continúan. Sorpresivamente, el profesor nos alcanza y comparte las hojas del examen con nosotros, de modo que podamos observar su contenido. Le agradecemos y emprendemos la revisión: en la parte superior, se pide escribir el nombre y los apellidos. En la inferior, se describe una información que, a mi parecer, es valiosa: el marco evaluativo. Por otro lado, en la primera sección de preguntas, se pide realizar un Diagrama de Venn para exponer las diferencias y similitudes entre Laertes, el personaje antagónico de Hamlet, y este último. En la segunda sección, se pide que el o la estudiante argumente cuál es la característica predominante en la relación que estos dos personajes sostienen. Y, por último, en la tercera sección, se muestran unas citas; frente a ellas, el o la estudiante debe explicar el contexto en el cual fueron dichas.

El profesor se pasea por el salón, nunca se sienta y permanece atento a preguntas, las cuales responde de forma individual. Cuando faltan 11 minutos para la entrega, entra un joven de piel clara, altísimo y delgado; viste prendas de color negro y carga con una maleta a explotar. Ha llegado tarde. Se acerca al profesor, con quien sostiene una breve y tranquila charla. Recibe su hoja del examen y, luego sentarse, le hace saber a Mr. Linton que no trae lápiz; él rebusca uno en su escritorio y se lo trae. Aunque el profesor recorre todo el salón permanentemente, puedo notar unos estudiantes copiándose. 

Cuando está por cumplirse el minuto seis, el profesor va a su escritorio y enciende el proyector para mostrar el menú del día en la cafetería y la programación de hoy.  Algunos chicos y una chica van hacia el escritorio para entregar su examen. A muchos, Mr. Linton, les pide que se devuelvan y chequeen algunas respuestas aprovechando que el tiempo restante. Al pitido, comienza a recoger los exámenes y avisa que verán el siguiente episodio de Hamlet, la de 1996. En clase, han estado acompañando los capítulos del libro con las escenas de la película de Branagh. Comienza a proyectarse. 

Todas y todos están muy concentrados. A veces les veo ojear el libro y la escena casi simultáneamente.  Como verificando lo que pasa o pasará. Mr. Linton, quien se posiciona en la parte de atrás, junto a la última fila de alumnos, observa emocionado la proyección. La verdad es que yo, que nunca me he interesado por Shakespeare, también estoy muy entretenida. Quedamos así por unos 25 minutos, hasta que termina el film y el profesor da inicio a una conversación: pregunta por lo que pasó en Hamlet, hablan sobre Astrid, los y las peladas intentan responder, y conversan sobre palabras desconocidas como butflow y agory. Aquí otro momento, a mis ojos, interesante: el profesor pide que las busquen en el diccionario y, casi de inmediato, los computadores y celulares vuelven a abrirse. Uno de los chicos pregunta cuál es la ubicación de la escena final, a lo cual Mr. Linton responde “I dont know. And you?”  (No lo sé.  ¿Y tú?).  El alumno emprende la búsqueda y, rápidamente, encuentra una respuesta.

Antes de partir, el profesor describe el contexto de la Inglaterra de Shakespeare, les desea éxitos para el ICFES y todos se organizan para partir: regresan los libros a la mesita amarilla, agarran sus mochilas y se despiden. Solo una de las estudiantes viene hacia mi y mi equipo para decir adiós. ¡Qué gesto tan bello! Por nuestra parte, nosotros nos paramos para agradecer a Mr. Linton y despedir a los pelados. Abandonamos el sitio. 



[1] Uso este término en inglés por una buena razón: es el nombre oficial que utiliza el colegio para denominar sus cuatro divisiones, entre éstas, Middle School y, la que nos compete hoy, High School, que comprende los grados decimo, once y doce.
[2] Me refiero a símbolo característico de la marca Apple.

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