ACERCAMIENTO A LA ESCUELA
Segunda parte
Segunda parte
Hoy regreso al Bolívar. De
no ser por el bullicio creciente que proviene de las canchas hacia el fondo, todo
estaría igual que hace dos semanas: entro por la misma puerta, me recibe el
mismo portero, me dirijo en dirección a la biblioteca y espero en esa placita
redonda otra vez. El señor Fayad, quien me saluda amablemente, me dirige a una
nueva clase cerca de ahí, a la de segundo E.
Este salón es más amplió, más colorido y más decorado que el de
inglés de grado doce. Los pupitres y sillas, aunque son individuales,
permanecen juntas unas con otras en grupos de cinco. También hay una cocineta, cubículos
para las maletas y una señalización que me revela que hay un baño atrás de una
pared. Los chicos y las chicas, que parecen rondar los siete años y son de piel
clara, están sentados con dos profesoras sobre un tapete morado frente al
tablero y al lado del escritorio. Nadie nota que entro, así que decido
permanecer silenciosa y ubicarme en una mesa redonda, a cuatro metros de donde
todos están. Lo primero que observo es una nota larga en el tablero que señala
que es viernes veintidós de marzo, y justo abajo se escribe la siguiente consigna
“Good
morning, 2E-students. Today do your routines, and get ready for our morning
meetings. We will share which animal are you afraid of, and why. Have a
wonderful day. Mrs. Machado” (Buenos días, estudiantes de 2E.
Hoy hagan sus rutinas y alístense para nuestra reunión de la mañana. Compartiremos
cual es el animal que nos causa miedo y por qué. Tengan un día maravilloso, la
señora Machado).
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La mayor parte de las paredes del aula se
adorna con actividades de los y las estudi-
antes de 2E.
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En efecto, cuando me concentro en su actividad, están sentados todos
en círculo y una estudiante comenta en inglés que su compañero de al lado
siente mucho miedo de las arañas. Sigue quien está a su derecha y cuenta a la
clase sobre el animal más temido por ella. Y así, cada participante del círculo
tiene su momento para hablar cuando tiene un peluche en las manos. Cabe
mencionar que mientras alguien tiene la palabra, todos los demás guardan
silencio. En una oportunidad, un niño no sabe responder por qué Jerónimo tiene
miedo a las cucarachas, la maestra, entonces, resuelve preguntárselo personalmente
con uno de los gestos más dulces que he reconocido en un salón de clase. De
hecho, Mrs. Machado interviene con regularidad durante toda la actividad: “Sometimes, you don´t
know why you are afraid, you just feel it” (A veces no
sabes por qué te asusta, solo lo sientes), “You don´t know which one is, so you don´t
try it” (No sabes cuál es cual, entonces
no vas a probar), afirma refiriéndose a las anguilas. Además, ella y la otra profesora participan activamente:
presentan sus miedos y cuando lo hacen, los estudiantes lanzan un “¡Uau!” de asombro
que parece tintinear al unísono. Noto que entre todos existe una forma de comunicarse con las
manos, pero no puedo descifrarla. Deberé preguntarlo en mi próxima visita. También,
que el dialogo en esta actividad está estructurado: siempre se comienza por la presentación
del compañero o la compañera y, acto seguido, dicen is "afraid of…because".
Se anuncia otra
actividad y la energía parece aumentar en los rostros. Se paran animados y estrechan
los cuerpos manteniendo el mismo círculo. Empieza un juego que me recuerda al
Tingo-Tango, pero en éste comienzan a cantar “Sound the whistle” (Suena el silbato) repetidamente, mientras las
manos de los participantes van atrás preparadas pare recibir y pasar un peluche,
al tiempo que una persona en el centro intenta adivinar quién lo tiene. Durante
la actividad, todos los pequeños ríen nerviosamente; supongo que nadie quiere
ser descubierto con las manos en la masa. Va la última ronda, antes del próximo
juego.
En las
mismas posiciones, Mr. Machado explica las reglas: cada participante contará de
uno hasta quince en inglés; si el turno de alguien coincide con este último número,
significa que debe sentarse y salir del círculo. Así, comienza la actividad y,
con ella, saltos, gritos, carcajadas, rostros ansiosos y, también, decepcionados.
Incluso las profesoras lucen emocionadas de principio a fin. Me es preciso revelar
un dato que considero importante: estos niños y niñas tienen una maravillosa pronunciación
del idioma: la t, th y
ou, que tanto nos cuestan como
hispanoparlantes, suenan claramente en sus voces. Ahora bien, Mr. Machado suma
una nueva regla al juego: el participante puede elegir, o no, salvar a quien
está a su lado si se adjudica el número quince antes. Entonces continúa la
ronda y muchos deciden hacerlo. En ese punto, otro momento llama mi atención: uno
de los participantes salta un número por olvido, y de repente, todos le
corrigen, de modo que él sacude su cabeza y pronuncia nuevamente el número.
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Al fondo, la puerta. Hacia allá se sale a los bebederos
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Ambas maestras
deciden detener la actividad al advertir que es momento para beber agua y estudiar
las matemáticas. Frente a la dispersión que aún mantienen los chicos y chicas, Mr.
Machado repite la consigna. Mientras salen hacia los filtros, ella se acerca para
comentarme a mí y a mi equipo que la Morning meeting es una integración alrededor de una temática que varía según
la unidad del curso que estén trabajando, “bien puede ser un feeling u otro
asunto. Es para warm up the rest of the day” anota.

